sábado, 8 de noviembre de 2008

el ratoncito amarillo

Para Deliris

En el asqueroso mundo de los ratones existía un curioso y extraño ratoncito amarillo llamado Alí, creció como todos los ratones buscando siempre la basura de cada día. Continuamente se encontraba solo y muy pocas veces se dejaba ver por los demás ratones ya que estos se burlaban de él por ser un ratoncito amarillo. Aquellos que lo lograban ver le ofendían apodándolo “guineo con patas”. A decir verdad, era bien notable su color amarillo en comparación con el color de los demás ratones. Alí pertenecía a la población de ratones urbanos, son los que se mueven por toda la ciudad, mayormente en los zafacones. Existía otra población de ratones que era la que gobernaba todo llamada “Los de abajo” ya que vivían en los alcantarillados… en ese mundo oscuro y subterráneo. Alí, en su peregrinación, llego hasta una librería ubicada en la Ave. Ponce de León y allí se estableció para vivir. Meses atrás su familia fue llevada a los suburbios con “Los de abajo”. Alí quedó solo pero libre gracias a su tremendo escape de “cola cortada” líder de “Los de abajo”. Mientras se acostumbraba a la soledad, Alí buscó la forma de entretenerse y fue en esa búsqueda que aprendió a leer. Ya no pasaba tanto tiempo hurgando en los zafacones de la ciudad; sino que recolectaba comida duradera, para así poder leer más libros cada día. Disfrutó de la lectura de la Historia de Puerto Rico de Fernando Picó, en las noche recitaba la poesía de Francisco Matos Paolis, Neruda y Benedetti, fantaseaba con los cuentos de Cortazar y Borges y reflexionaba con los de Tolstoi, Unamuno y lecturas de la Biblia. Alí se convirtió en un fascinante lector de primera. Sólo le faltaba dejar de ser ratón y dialogar en las tertulias de los intelectuales de su época; pero ese llegó a ser unos de sus deseos menos posible. Un día (y sí, ahora es que por fin viene la famosa frase inicial de cuentos “Un Día”), mientras leía un texto sobre cómo escribir un cuento, se le ocurrió la fabulosa idea de aprender a escribir con su cola. Aunque su cola no era tan larga, logro conseguir un lápiz que se acomodara a la medida de su cola. Le tomó varios meses , pero entonces su precisión con el lápiz era casi perfecta. Fue entonces que decidió escribir su historia, la que ahora mismo te estoy contando. Como acto de magia se cumplió mi sueño de ser humano, pues me han leído todo este tiempo como a un ser humano; sin embargo soy, y al fin y al cabo siempre seré el ratoncito amarillo. – Alí

1 comentario:

Aze dijo...

Creo que te encontré. :)